Jugar a medicos de bebes: nueve beneficios de este clásico juego infantil

Jugar a medicos de bebes: nueve beneficios de este clásico juego infantil

nueve beneficios de este clásico juego infantil

Jugar a ser médico, dentista, enfermera o cualquier otro profesional de salud es una actividad simbólica muy común en la infancia. Los niños desarrollan su imaginación cuando adquieren estos roles, fomentan sus habilidades, exploran su propio cuerpo y les sirve de entrenamiento para enfrentarse a situaciones de su vida cotidianas.

Fomentar este tipo de juego tiene incontables beneficios para el desarrollo de los niños, que a continuación os resumimos.

El importante papel del juego simbólico en la infancia

Mediante el juego simbólico los niños ponen en práctica lo que aprenden gracias a su capacidad de observación del mundo que les rodea. A base de jugar una y otra vez van perfeccionando conductas, interpretando nuevos roles, practicando habilidades y ensayando situaciones en las que más tarde tendrán que desenvolverse en un escenario real.

El juego simbólico tiene múltiples beneficios para el desarrollo de los peques y los padres debemos potenciarlo mediante actividades adecuadas y libres de estereotipos.

En este sentido, jugar a ser médico o paciente que acude a la consulta, gusta a niños y niñas desde muy temprana edad y a lo largo de toda su infancia.  Te contamos cuáles son sus beneficios y por qué es importante fomentarlo.

Beneficios de jugar a médicos y pacientes

Los beneficios del juego simbólico, y en concreto de jugar a médicos y pacientes, se observan en todos los planos del desarrollo infantil, ya que estimula el desarrollo físico, psíquico, afectivo y social de los niños.

Estos son los más destacados:

  • 1) Les ayuda a familiarizarse con el entorno sanitario

Jugar a ser médico, enfermera o dentista es una excelente forma de familiarizarse con el entorno sanitario desde el juego y la diversión, lo que repercutirá positivamente en su actitud (más calmada, colaborativa, serena…) cuando sean ellos quienes tengan que ir al pediatra.

  • 2) Ensayan diferentes roles

Cuando juegan a juegos de roles, los niños se convierten en quienes desean ser, pero jugar a los médicos no implica únicamente asumir el rol de sanitario.

Cuando recrean esta actividad en compañía, los niños también pueden estar jugando a ser pacientes que acuden a la consulta para ser tratados, o a ser papá o mamá llevándolos al pediatra. Así, dependiendo de la identidad que asuman en el momento de jugar, potenciarán más unas habilidades que otra.

  • 3) Favorece su desarrollo físico

Mientras los peques juegan a los médicos — especialmente si están manejando instrumental pequeño como el que se incluye dentro del clásico maletín de juguete- trabajan otros aspectos de su desarrollo motor como la coordinación óculo-manual, la precisión y la motricidad fina, pues al utilizar sus manos para manipular los objetos con los que juegan estarán mejorando su habilidad psicomotora.

  • 4) Mejora la concentración y atención plena

Jugar a ser médico requiere de la máxima concentración, pues al copiar patrones de conducta que ven en su vida diaria cuando acuden al pediatra, los niños tenderán a recrear actitudes que fomentan la atención plena, tales como la escucha activa al paciente, la observación rigurosa, el uso de todos los sentidos para emitir un diagnóstico. ..

  • 5) Repasan la lecto-escritura

Para dotar de un mayor realismo a su juego, los niños pueden utilizar pequeñas pizarras en las que rotular el horario de su consulta o el nombre de la clínica. También podrán escribir en un papel el nombre del paciente, su historia clínica o aquello que le recetan.

Con estas actividades incorporadas a su juego estarán practicando la lecto-escritura sin apenas darse cuenta, y desde un punto de vista totalmente lúdico.

  • 6) Desarrollan habilidades sociales

Cuando juegan a los médicos los niños están ensayando destrezas y habilidades necesarias para la vida como la empatía, la escucha activa y la comunicación cuando simulan tratar con los pacientes, el trabajo en equipo, la identificación y resolución de conflictos cuando emiten un diagnóstico, la autonomía, el pensamiento lógico…

  • 7) Exploran su creatividad

Cualquier juego libre y no dirigido supone un ejercicio de creatividad plena con incontables beneficios para el desarrollo del niño. En el caso de los juegos de médicos, los niños ponen a prueba su creatividad al convertirse en dueños de su propia consulta, gestionar las citas de los pacientes, atenderlos, emitir un diagnóstico, buscar una cura o solución a sus problemas…

  • 8) Aprenden a conocer su propio cuerpo

Aunque a los padres pueda preocuparnos que al jugar a los médicos nuestros hijos pequeños se desnuden y exploren su propio cuerpo o el del amiguito que hace de paciente, lo cierto es que no hay motivo para alarmarse, siempre que se trate de un juego entre niños de edades similares, libre, espontáneo y divertido.

Según los expertos, la curiosidad infantil por descubrir el propio cuerpo y el ajeno es completamente normal y natural en la etapa preescolar. Este ejercicio de reconocimiento corporal les permitirá también identificar las diferencias de género y aprender sobre las distintas partes de nuestra anatomía desde una perspectiva natural y libre de las connotaciones que solemos dar los adultos.

  • 9) Mejoran la comunicación y el lenguaje

Puesto que mientras juegan los niños verbalizan continuamente lo que hacen, este tipo de juegos es perfecto para entrenar la comunicación social y favorecer las habilidades lingüísticas del niño desde muy temprana edad.

¡Todos a jugar!

A la hora de jugar a los médicos (o a cualquier otro juego) debemos dejar a los niños plena libertad para imaginar situaciones, inventar personajes o crear su propia historia.

En el mercado hay multitud de accesorios médicos de juguete, disfraces de sanitario, carritos, maletines o instrumental odontológico que permitirá a los peques recrear situaciones con un mayor realismo.

Pero no hace falta disponer de todos estos materiales para montar una sofisticada consulta médica en la que desarrollar esta actividad tan educativa y beneficiosa.

Podemos acondicionar nuestra propia consulta sin salir de casa con ayuda de un colchón que simule la mesa de operaciones y objetos cotidianos que todos tenemos en casa, y que los peques, con su imaginación, convertirán en utensilios médicos (por ejemplo, cucharas, palitos de helado, cajas vacías de tiritas, una venda vieja, una lupa, una linterna, mascarillas, botellitas de suero, jeringuillas sin aguja. ..)

También en esta web nos ofrecen la posibilidad de descargarnos de manera gratuita fichas de pacientes, pruebas médicas, diagnósticos o carnets sanitarios.

En definitiva, jugar a los sanitarios, tanto en el lado del profesional como del paciente, es uno de los juegos más típicos de la primera infancia. Los niños se lo pasan en grande recreando todo tipo de situaciones, además de aportarles importantes beneficios.

Fotos | iStock, Pexels

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Jugando a los médicos — la sexualidad en los niños

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Indice

  • Etapas en el desarrollo sexual del niño
  • ¿Qué significan estos juegos para los niños?
  • La actitud de los padres
  • ¿Mamá, de dónde vienen los bebés?
  • Algunos consejos…
  • ¿Tu hijo nunca pregunta sobre hechos básicos de la vida?

 

Durante los 0 y los 6 años, podemos observar grandes cambios en la sexualidad infantil.

Partimos de la base de que desde el nacimiento, los niños tienen capacidad de sentir placer con el contacto piel a piel. Son muy importantes las relaciones que mantienen con las personas que les cuidan y con las que se vinculan afectivamente, también denominadas figuras de apego. El vínculo afectivo con estas figuras es muy importante en la vida sexual y afectiva del niño, puesto que es, en esta relación, donde aprende a acariciar y ser acariciado, mirar y ser mirado, etc… Alejandra González-Choren, psicóloga infantil realiza la siguiente explicación sobre la evolución sexual del niño:

Sobre los 2-3 años, comienza el interés de los niños por los órganos genitales, descubren las diferencias entre los niños y las niñas y adquieren el control de esfínteres. A partir de esta edad, y sobre todo desde los 2 a los 5 años, los niños disfrutan con su cuerpo y se tocan los genitales, algo que hay que aceptar como lógico y natural dentro de su desarrollo evolutivo.

La mayoría se toca sin sentir vergüenza ni angustia, puesto que está en pleno proceso de socialización. A algunos, les calma tocarse y lo hacen en la siesta o por la noche, ya que les ayuda a dormir. Otros, jamás se tocan los genitales. Si se tocan en privado, lo mejor es no hacer el menor comentario, ya que de lo contrario, contribuiríamos al refuerzo y repetición de dicha conducta pero, si se está tocando en público, lo mejor es recordarle (si estáis de acuerdo), que debe hacerlo en la intimidad e, indicarle qué lugares de la casa consideráis íntimos. Esta noción de intimidad conviene introducirla a partir de los 3 ó 4 años y habrá que repetirla muchas veces hasta que el niño aprenda a distinguir entre lugares públicos y privados. Es importante que nunca les regañéis ni les hagáis sentir culpables, si les veis tocarse.

Otro asunto muy distinto es el caso, en el que los niños se tocan continuamente, llegando a alterar sus actividades académicas y demás responsabilidades a lo largo del día, de forma que se trata más, de una conducta de tipo compulsivo que utilizan para calmarse por una excesiva ansiedad o debido a una crisis emocional. En este caso, es necesario que consultéis con un profesional.

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Entre los 4 y los 6 años la curiosidad del niño es enorme y todo le interesa, lo toca y observa. ¿Por qué no va a investigar su cuerpo y el de los demás como lo hace con todo? Es entonces cuando se da cuenta que los niños son distintos a las niñas y no pierde oportunidad en comprobarlo. Empiezan las preguntas sobre este tema; preguntas que se repiten hasta la saciedad, junto con los famosos “¿por qué?” que debemos contestar tantas veces sea necesario.

La misma curiosidad que les hace tocarse los genitales les lleva, en algunas ocasiones, a juegos de carácter sexual. Este comportamiento indica curiosidad por su propio cuerpo y por los de las demás personas y, esta curiosidad es lógica y natural. No les regañéis y evitad emitir mensajes de culpa.

Cuando los encontréis en esta situación, si queréis y en función de vuestros criterios educativos, podéis indicarles que se vistan y que vayan al cuarto de estar o bien podéis dejarlo estar, acordando con ellos una serie de reglas para cuando jueguen juntos la próxima vez (puerta abierta, que jueguen vestidos.

Una vez que los niños tienen asumido su “yo” como algo diferente a los demás y una vez explorado y conocido su cuerpo, necesitan compartirlo con el de los demás para ir observando sus diferencias y semejanzas. Es entonces cuando empiezan a jugar a los médicos o a papás y mamás. Pero, ¿qué significado tienen para ellos estos juegos? Las respuestas varían mucho según las opiniones de cada profesional. Para Pelancha Gómez-Olazábal, psicóloga con más de 27 años de experiencia en el mundo infantil son actividades sexuales “Cuando decimos que los niños juegan a los médicos, utilizamos el término como eufemismo; en realidad se trata de verse desnudos y tocarse: en una palabra, es un juego sexual y siempre encuentran el motivo para incluirlo en sus actividades”. Por su parte, la psicóloga Alejandra González-Choren, experta en psicoterapia infantil y juvenil, afirma que este comportamiento indica curiosidad por su propio cuerpo y por el de los demás; curiosidad lógica y natural.

 

Para Juan Pedro Valencia, psicólogo especializado en Escuela de Padres y modificación de conducta, lo fundamental es tener en cuenta que los padres servimos de ejemplo de nuestros hijos en todo el abanico de comportamientos y áreas que realizamos constantemente, incluyendo la sexual, por lo que dependiendo de nuestra actitud en ese aspecto el sexo será para ellos algo correcto o incorrecto, placentero o desagradable. “Es importante tener clara la orientación que deseamos dar a nuestros hijos ya que la información que no les demos los padres la recibirán de otras “fuentes” de seguro no tan fidedignas como nosotros. Jamás hay que mentir y siempre explicar o responder a las preguntas del niño, teniendo en cuenta, eso sí, que debemos adaptar esa respuesta a su edad, sin considerarle adulto antes de tiempo, pero respondiendo siempre. El niño intenta completar su identidad corporal con sus preguntas, especialmente si percibe que algunas se eluden o desvían notablemente. Además, de esta forma, aumentará la confianza e intimidad con ellos por lo que es más probable que ante cualquier duda acuda a nosotros “porque papa y mamá siempre me contestan” que a terceras personas.

Cabe recordar que siempre valorarán más la actitud de confianza, tranquilidad y naturalidad al responder a sus preguntas sobre sexualidad que la propia respuesta.
También es fundamental que haya coherencia entre lo que se dice y se hace, manteniendo el mismo criterio a lo largo del tiempo. Por ejemplo, si les decimos “Los besos son buenos, no pasa nada” y luego pasamos las escenas de besos de una película, manifestamos una contradicción. Y, sobre todo, debemos intentar ser lo más naturales posibles y no escandalizarnos cuando se toquen, nos vean desnudos o nos hagan preguntas de contenido sexual”.

Entre los 5 y los 8 años, dependiendo siempre de la madurez del niño, suele ser un buen momento para hablarles de la reproducción. No debéis darles información detallada, es suficiente con explicarles superficialmente cómo se produce. Lo mejor es, utilizar los momentos idóneos para enseñar, por ejemplo, al ver una mujer embarazada en el parque, al ver una escena en la televisión, etc.

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Lo recomendable es hacerlo con la ayuda de algunos de los libros y manuales ya que, de esta manera, los niños reciben la información a través de imágenes y estrategias pedagógicas adaptadas a su evolución emocional correspondiente. Además, si utilizáis un manual, evitaréis poneros nerviosos y os facilitará dicha tarea, evitando también, darle un exceso de información.

 

Debido a la amplia información que se ofrece sobre el tema y a que los tabúes son cada vez menores, los padres se encuentran más seguros ante las preguntas sexuales de sus hijos, pero nunca está de más dar algunos consejos, como éstos de la psicóloga infantil Pelancha Gómez-Olázabal:

1. Se debe empezar preguntando al niño qué quiere saber y, según sus preguntas, contestarle con sinceridad y naturalidad; utilizando las palabras correctas para denominar las partes del cuerpo, incluidos los genitales. Los eufemismos los empleamos los adultos por pudor, pero el niño no necesita de ellos. Hay que emplear palabras fáciles para él, tanto a nivel de pronunciación como de comprensión.

2. Hablar a los niños de forma natural, respondiendo tantas veces pregunte y sin dar más información de la que necesita en cada etapa evolutiva. Muchos padres, deseosos de ser lo más sinceros posible, dan una información demasiado exacta que no hace sino llenar de dudas e intranquilidad al pequeño. Es conveniente marchar al compás de saber que el niño siente y no tratar de darle detalles para los que no está preparado.

3. Si insiste una y otra vez sobre la misma pregunta y parece no quedar satisfecho con la respuesta o aparentemente la olvida, puede deberse a que detrás de su pregunta hay una duda encubierta, que quizá sea lo que en realidad le preocupe. Por ejemplo, cuando insiste en por dónde nacen los bebés, tal vez lo que quiere saber es si la madre sufre algún daño en el proceso, un temor que, en los niños, es muy frecuente. Si la madre está embarazada, este temor es producto de los celos que experimenta ante la llegada de su nuevo hermanito. Por esta razón, necesita que le aseguren que tener el bebé no producirá ningún daño en su madre. Otras veces les es difícil entender que la vagina se dilate de tal forma que pueda salir por ahí un bebé y prefieren, además de ser más cómodo para ellos, entender que los sacan “cortando por la tripa”. Es fácil imaginar que lo asocian a los cuentos donde se abre la tripa del lobo y se saca a la abuelita, a caperucita, a los seis cabritillos… Los niños entre los 5 y los 7 años, están en la fase del llamado “realismo fantástico”, donde tienen tendencia a interpretar las informaciones según su propio criterio. Las que no encajan en su mundo, son descartadas por “ilógicas”.

4. Si, a pesar de darle una información lo más real posible, ves que tu hijo entiende otra cosa hecha a su medida y con ingredientes fantásticos, déjale tranquilo pues esto le hace comprender mejor las cuestiones vitales que a él le preocupan. Sólo debemos corregirlas si corre el riesgo de que se rían de él sus amigos o compañeros.

5. Si los niños detectan que los padres se azoran al hablar de estos temas, insistirán para ponerlos en una situación embarazosa o puede que dejen de preguntar. Así irán asimilando que hay ciertos temas que nos incomodan y pueden captarlos como algo malo y prohibido. Es entonces cuando dejan de preguntar y se esconden para explorarse a sí mismos o a los demás. Estos padres, que han respondido con evasivas a sus hijos cuando eran pequeños o que nos les han hablado con naturalidad y sinceridad, que no esperen que su hijo tenga una comunicación con ellos cuando llegue a la adolescencia, especialmente sobre sus experiencias sexuales.

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Los pequeños hacen preguntas sobre todo lo que ven, necesitan explicaciones sobre porqué las cosas son de una manera y no de otra; cómo funcionan las cosas y, sobre todo, cómo funcionan las personas; porqué su cuerpo está formado de un determinado modo, cómo se hacen y cómo nacen los bebés, porqué la gente tiene que morir, etc.

Si tu hijo no te ha hecho preguntas de este tipo, según Pelancha Gómez-Olazábal, no es por que no le inquieten, más bien puede ser por circunstancias como las siguientes:

• No encuentra un ambiente de diálogo abierto en su casa.

• Alguna vez le has contestado con evasivas o se ha dado cuenta de que estas cuestiones te ponen nervioso.

• Le ocultas cuestiones y relaciones de su vida y se da cuenta de que no hay confianza suficiente y necesaria para plantear estos temas.

• Alguna vez te ha notado contrariado ante sus insistentes preguntas y piensa que te molesta dar explicaciones.

Debemos ser pacientes y contestar a sus preguntas hasta que queden satisfechos con la respuesta e intentar averiguar si hay alguna otra cuestión encubierta, que sea lo que realmente les preocupa.

Se puede iniciar abiertamente cualquier cuestión, si vemos que él no pregunta y tú piensas que ya tiene edad para interesarse por ello. La respuesta del niño te dará el motivo de porqué no se ha producido de manera espontánea. La vida te da cientos de oportunidades para iniciar este diálogo con tu hijo.

 

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