Como educar a un niño hiperactivo: Cómo educar niños con hiperactividad

Como educar a un niño hiperactivo: Cómo educar niños con hiperactividad

Cómo educar niños con hiperactividad

4 minutos

La hiperactividad puede ser un arma de doble filo, y como padre o madre puede que esto represente un problema para ti. A continuación encontrarás algunos consejos prácticos para lidiar con este problema, ¡descúbrelos!

Escrito por Gladys González

Última actualización: 23 abril, 2021

Cuando somos madres y tenemos a un pequeño con mucha energía almacenada en su cuerpo, nos surgen múltiples interrogantes, entre ellas: ¿Cómo educar a un niño hiperactivo? Aquí te ofrecemos una guía de lo que debes saber de este trastorno así que ¡ánimo!

La maternidad es todo un reto ya que cuando somos madres debemos afrontar ciertos desafíos con nuestros hijos.

Tener un niño hiperactivo es sin duda una labor que requiere de mucha paciencia, amor y tolerancia, en especial durante sus primeros años.

Lo primero que debes saber es que la hiperactividad es generada por una “encefalitis letárgica”, un fenómeno que ocurre en el cerebro de algunos niños y que genera altos de niveles de actividad motora.

Algunas estadísticas señalan que entre el 40% al 50% de niños que tienen esta condición, presentan algunas dificultades para el aprendizaje.

Los niños hiperactivos nunca paran de hacer algo. El problema está en que es difícil que les interese una sola actividad por largo tiempo, por lo que lograr un estado prolongado de concentración es toda una proeza.

Si este es el caso de tu pequeño, lo ideal es contar con la evaluación de un médico experto que nos asesore durante esta compleja etapa.

El niño hiperactivo aumenta los niveles de intensidad motora cuando está con otros y la disminuye cuando están solos.

¿Cómo saber si mi niño tiene hiperactividad?

Existen algunas características que nos pueden ayudar a identificar si nuestro hijo es realmente un niño hiperactivo:

  • Si bien sabemos que todo niño tiende a ser algo inquieto, los que poseen este trastorno suelen ser impulsivos, desobedientes, tercos, con poca resistencia a estar sentado, falta de atención, entre otros.
  • Todos los pequeños son distintos, por lo que no es necesario que manifiesten todos los síntomas, sino que puede tener algunos y otros no.
  • Un aspecto que encenderá las alarmas tiene que ver con los cambios bruscos en las emociones. Por lo general, podemos evidenciar las características de hiperactividad cuando nuestro hijo está rodeado de personas.
  • El niño hiperactivo aumenta los niveles de intensidad motora cuando está con otros y la disminuye cuando está solo.
  • La falta de concentración será el principal obstáculo.

¿Cómo educar a un niño hiperactivo?

Esta interrogante surge una y otra vez en los padres cuando descubren que el consentido de la casa tiene esta condición. Para empezar debemos ser sinceras y asumir que no será tarea fácil.

  • Para ayudar al niño debemos puntualizar reglas claras en el hogar, además de establecer horarios fijos para que este pueda cumplir con las actividades de su quehacer diario.
  • Determinar qué le gusta hacer será fundamental para distraerlo: jugar, pintar, bailar y nadar son soluciones ideales. Lo importante es que haya un tiempo para todo.
  • Si ya conoces la realidad de tu hijo no contribuyas a que ciertas actitudes sean vistas como un fracaso, ya que la idea es no frustrarlo.
  • No es necesario someterlo a eventos que impliquen largos tiempos de tranquilidad, por ejemplo, las ceremonias o reuniones de “mayores”. Es fundamental educarlos con respeto y disciplina.
  • Un aspecto que como mamás solemos pasar por alto y que además influye de forma directa en la mejora de este trastorno, es la alimentación; es necesario evitar todos aquellos productos que contienen gluten. Muchos pacientes con este tipo de problemas resultan intolerantes tanto a esta proteína como a la lactosa.
  • Todas las chucherías, chocolates, refrescos e incluso colorantes, deben ser restringidos en la dieta del pequeño. Estos son generadores de energía, algo que tienen de sobra los infantes hiperactivos. Con esto, evitarás acentuar los patrones de hiperactividad en el pequeño.

Hiperactividad y déficit de atención

Tener a un pequeño con un trastorno de hiperactividad y déficit de atención (THDA), es algo que debe trabajarse de forma mancomunada entre los padres, el médico, y los profesores.

  • Es necesario estar en permanente comunicación con los maestros para conocer los avances y retos del infante durante su proceso de aprendizaje escolar.
  • La comunicación será vital, ya que como madres debemos apoyar al niño en todo momento. Evitar los castigos inapropiados es fundamental.
  • Todos son diferentes por lo que el trato debe ser personalizado. Ver el lado positivo de las cosas nos ayudará a luchar contra cualquier adversidad.
  • Hablar con nuestro hijo y contarle su realidad le hará entender del porqué es un niño especial. Como mamás debemos vivir cada momento de esta hermosa oportunidad.
  • Deprimirnos no está permitido cuando tenemos a nuestro lado a un pequeño con mucha energía para disfrutar.

Cuando creamos que vamos a desfallecer solo debemos pensar que hay personas dispuestas ayudarnos. Recuerda que en nuestro hijo está la fuerza para continuar.

Técnicas y estrategias para ayudar al niño hiperactivo

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¿Cómo le convenzo para que se siente a hacer los deberes? ¿Qué le digo para que no se levante mientras come? ¿Hay alguna manera de ayudarle a mejorar sus trabajos? ¿Qué hago para que me escuche?… » Si tienes un hijo con hiperactividad seguro que éstas y muchas otras preguntas han pasado mil veces por tu cabeza. Las respuestas te las dan una serie de estrategias que te explicamos a continuación.

Los síntomas que caracterizan el «Transtorno de Déficit de Atención con Hiperactividad» (TDAH) son la impulsividad, la hiperactividad y la baja atención. Pero, sin duda, lo que ayuda a detectarlo es observar si un niño manifiesta con frecuencia las siguientes conductas:

  • Su comportamiento es infantil para su edad, excesivamente inquieto y dependiente; más propio de un niño de menor edad.
  • Le cuesta concentrarse, no mantiene la atención cuando es necesario.
  • Es desorganizado y suele hacer los trabajos con una baja calidad.
  • Frecuentemente deja los trabajos sin terminar o interrumpe los juegos.
  • Está continuamente levantándose cuando debería estar sentado, por ejemplo, en la clase o a la hora de comer.
  • Es muy impulsivo, hace las cosas sin meditarlas previamente.
  • Mueve mucho las manos y los pies.
  • Suele interrumpir a los demás cuando están hablando o realizando alguna actividad.
  • Siempre está corriendo y saltando, como si tuviera un motor en marcha.
  • Le cuesta relacionarse con otros niños debido a que siempre está cambiando de juego, no respeta los turnos y no sigue las reglas del grupo.
  • A menudo pierde cosas o las olvida.
  • Es desobediente y su comportamiento provoca las quejas de sus profesores.

Si tu hijo cumple algunos de los puntos expuestos aquí, quizás sea recomendable acudir a un profesional para diagnosticar o descartar el trastorno de hiperactividad.

Técnicas y estrategias para ayudar al niño hiperactivo

La forma de tratar el «Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad» es modificar o compensar lo más posible aquellas conductas típicas que repercuten negativamente en la vida diaria del niño y de su familia. El objetivo principal es reducir su impulsividad e inquietud motriz y aumentar su atención, que son la fuente de sus principales problemas. Las corrientes psicopedagógicas conductista y cognitivista ofrecen diversas estrategias para tratar la hiperactividad. La corriente conductista centra su atención en cómo el ambiente en el que se mueve el niño (la familia, los profesores, etc.) interactúa con él para, manejando esta interacción, modificar las formas de comportamiento. La corriente cognitivista actúa directamente sobre el niño enseñándole a ejercer su propio control a través del entrenamiento en estrategias.

Corriente conductista: cambiar una conducta inadecuada a través del ambiente

Para modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia, se emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología conductista. La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es una forma aprendida de responder a determinadas circunstancias. Cuando lo que obtenemos al responder de determinada manera es bueno, agradable o sirve a nuestros propósitos, esa respuesta se instaura en nosotros, es decir, la aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias similares respondemos igual. Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo esperado, desechamos la respuesta como «no válida» y dejamos de emplearla.

Esto supone que tu actitud es fundamental a la hora de manejar la de tu hijo, ya que es la que le proporciona la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a sus propósitos o, por el contrario, debe sustituirlas por otras. Los padres pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas inapropiadas. Un ejemplo muy claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un principio, para contener una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy lógica): «enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero». Resultado: cada vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas.

Las técnicas de cambio de conducta lo que hacen es controlar las consecuencias de las acciones convirtiéndolas en agradables, a través del «refuerzo positivo», o desagradables mediante el «castigo». Aquellas conductas del niño a las que siga un «refuerzo positivo» serán aprendidas como útiles y se repetirán; aquellas otras a las que acompañe una consecuencia negativa terminarán desapareciendo. Los refuerzos pueden ser muy variados. Al principio, cuando una actitud está muy instaurada, se recurre a recompensas de tipo material (un juguete, una chuchería, etc.).
Posteriormente se van restringiendo este tipo de refuerzos para que el niño no haga las cosas por el premio sino porque realmente ha adquirido nuevas actitudes con las que se siente más satisfecho. Para ello, desde el principio (junto con las recompensas materiales) y a lo largo del tiempo (cuando ya se han eliminado aquellas) el niño debe recibir refuerzos sociales como abrazos, alabanzas o cualquier otra manifestación de afecto por lo bien que ha actuado. Por otra parte las consecuencias negativas, siempre relacionadas con las conductas que deseamos eliminar, serán cosas como quedarse sin ver la tele o recoger el cuarto, pero jamás castigos físicos. Además, toda consecuencia negativa debe ir acompañado del refuerzo de la conducta alternativa.

¿Cómo puedes aplicar todo esto? 

Una forma es hacer un trato con tu hijo. Piensa en alguna cosa que quieras cambiar de él, por ejemplo, que no se levante de la mesa mientras come. Ya tienes establecido el objetivo general. Ahora, en función de la problemática, piensa cuándo y cómo vas a reforzar el cambio de comportamiento: si tu hijo no aguanta más de tres minutos seguidos en la mesa, empieza por reforzar que consiga estar sentado al menos cinco minutos. Según le vaya resultando más sencillo cumplir el objetivo ve aumentando el tiempo hasta que, finalmente, reciba el premio sólo si permanece toda la comida sin levantarse.
El siguiente paso es acordar el premio o refuerzo. En este caso lo más apropiado es un sistema de puntos o fichas canjeables. Elabora con tu hijo una lista de cosas que le gustaría hacer o conseguir y pon a cada cosa un valor en función de sus características: un caramelo 2 puntos, media hora más con el ordenador 8 puntos, ir al cine 14 puntos, comprar un juguete determinado 20 puntos, etc. Ya sólo queda ponerlo en práctica: cada vez que tu hijo cumpla el objetivo marcado refuérzale con un punto y cuando desee canjearlos dale la recompensa que le corresponda según acordasteis.

Corriente cognitivista: enseñar a hacer las cosas mejor

Según la corriente cognitivista, la forma más adecuada de ayudar a un niño hiperactivo a resolver sus problemas correctamente es entrenarle en los pasos que debe seguir, es decir, darle estrategias para que sepa cómo actuar.

Por ejemplo, mantener la atención es una habilidad casi automática en la mayoría de las personas, pero para un niño hiperactivo es todo un triunfo. Para facilitarle esta tarea debemos enseñarle cómo se presta atención facilitándole una serie de instrucciones que resuman eso que hacemos las personas cuando prestamos atención (centrarnos en lo importante, ignorar los estímulos irrelevantes, etc.). En este caso estaríamos hablando de estrategias atencionales.

Dicho así parece muy abstracto, sin embargo lo puedes aplicar de forma particular a cada una de las tareas con las que tu hijo tenga dificultades. Una manera de hacerlo efectivo es el «modelo de autoinstrucciones» que debéis practicar cada día tantos días como sea necesario hasta que tu hijo sea capaz de realizar el quinto paso de forma natural:

  1. Modelado: haz tú la tarea mientras vas diciendo en voz alta los pasos que sigues, mediante instrucciones claras y concisas.
  2. Guía externa manifiesta: ahora es él quien realiza la misma tarea mientras le ayudas repitiendo junto con él los pasos.
  3. Autoguía manifiesta: el niño repite solo las instrucciones, en voz alta, mientras hace la tarea.
  4. Autoguía manifiesta atenuada: en vez de hablar en voz alta debe cuchichear las instrucciones.
  5. Autoinstrucciones encubiertas: finalmente el niño realiza la tarea en silencio mientras se guía por las instrucciones a través del pensamiento.

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