Poesia de 3 estrofas: 10 poemas de tres estrofas para niños de Primaria

Poesia de 3 estrofas: 10 poemas de tres estrofas para niños de Primaria

10 poemas de tres estrofas para niños de Primaria

Un poema de tres estrofas contiene tres bloques de versos, y cada uno de estos bloques pueden tener distinta cantidad de versos. Por ejemplo, un autor puede escribir un poema de tres estrofas y cada bloque contener cuatro versos, tres versos o distinto número de versos en cada uno. Veremos varios ejemplos de ello a continuación. Para que tus hijos puedan aprender más sobre la estructura de un poema, te invitamos a leer con ellos estos 10 poemas de tres estrofas para niños de Primaria.

Ver también: 

  • Poemas de una estrofa para niños
  • Poemas de dos estrofas para niños

Poesía de tres estrofas y cuatro versos

1. Dame la mano

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más…

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más.

Gabriela Mistral

2. Abril galán

Mientras danzáis en corro,
niñas cantad: «Ya están
los prados verdes,
ya vino abril galán.»

A la orilla del río,
por el negro encinar,
sus abarcas de plata
hemos visto brillar.

Mientras danzáis en corro,
niñas cantad: «Ya están
los prados verdes,
ya vino abril galán.»

Antonio Machado

3. Con la primavera

Con la primavera
Viene la canción,
La tristeza dulce
Y el galante amor.

Con la primavera
Viene una ansiedad
De pájaro preso
Que quiere volar.

No hay cetro más noble
Que el de padecer:
Sólo un rey existe:
El muerto es el rey.

José Martí

Poesía de tres estrofas y cinco versos

4. Rosa, pompa, risa

Con la primavera
mis sueños se llenan
de rosas, lo mismo
que las escaleras
orilla del río.

Con la primavera
mis rosas se llenan
de pompas, lo mismo
que las torrenteras
orilla del río.

Con la primavera
mis pompas se llenan
de risas, lo mismo
que las ventoleras
orilla del río.

Juan Ramón Jiménez

Poemas de tres estrofas con rima

5. Los ratones

Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.

Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:

— ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?

Lope de Vega

6. Los reyes de la baraja

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

Federico García Lorca

7. Paisaje

La tarde equivocada
se vistió de frío.

Detrás de los cristales
turbios, todos los niños,
ven convertirse en pájaros,
un árbol amarillo.

La tarde está tendida
a lo largo del río.
Y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.

Federico García Lorca

8. Adelina de paseo

La mar no tiene naranjas.
ni Sevilla tiene amor.
Morena, qué luz de fuego.
Préstame tu quitasol.

Me pondrá la cara verde,
zumo de lima y limón,
tus palabras, pececillos,
nadarán alrededor.

La mar no tiene naranjas.
Ay, amor.
Ni Sevilla tiene amor!

Federico García Lorca

9. Álamo blanco

Arriba canta el pájaro
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo,
se me abre el alma).

¡Entre dos melodías,
la columna de plata!
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata!
(¡Y tú, tronco ideal,
entre mi alma y mi alma!)

Mece a la estrella el trino,
la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma).

Juan Ramón Jiménez 

10. Mucho pica el sol

Mucho pica el sol:
más pica el amor.

Mucho pica el sol
con flechas de fuego;
más pica el amor,
que hiere más recio.

Mucho pica el sol:
más pica el amor.

Anónimo (siglo XV)

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Es común que las estrofas de estas manifestaciones poéticas contengan desde dos versos hasta los que el autor considere, y que estos tengan métricas determinadas, constantes y que rimen entre sí. Estas cualidades facilitan el aprendizaje entre las personas que escuchan los poemas, lo que hace más fácil su difusión y popularización.

Un poema de tres estrofas. El barco de vela (Juan Ortiz)

Ahora bien, estos poemas también pueden estar compuestos por versos blancos o libres. Esto quiere decir que sus estrofas pueden carecer de rima y de métrica, por lo que toma más importancia el mensaje que el poeta quiere transmitir.

– El barco de vela (Juan Ortiz)

I

Te vas al horizonte de las gaviotas,

allá donde descansa el monte de agua,

te vas como quien surca caminos de espuma

alma de tela, eterna piragua.

II

Te vas y el viento mece tu cuna

debajo del sol, sobre el espejo,

te vas como silente reflejo de luna

adonde aguardan enormes misterios.

III

En tu lomo de roble va el pescador,

el capitán y el marinero,

va quien quiere del candor

del cielo, del sol y de un lucero.

– Mi pueblo querido (Juan Ortiz)

I

Entre azules y gaviotas

se levanta tu presencia,

y en la sal, tu dulce esencia,

puedo ver marinas gotas.

Mi ausencia tú la notas,

y lo sé, pueblo querido,

pues me fuiste abrigo y nido

en los años de mi infancia,

llevo en mí tu miel fragancia

en cada paso sentido.

II

No me fui, lo sabes bien,

es tan solo un hasta entonces,

yo volveré a ti en los bronces

con la nieve ya en mi sien.

Extraño a mi gente también,

mi sangre, mi gran sentir,

y no te puedo mentir,

a ti no te oculto nada,

mi alma está coronada

de ganas de volver a ir.

III

Al volver besaré el suelo,

nadaré todo tu mar,

no dudaré en cantar

como el ave hace en su vuelo.

Y es que en mí hay un hielo

que me besa a diario el alma,

un gris que corroe la calma

desde que dejé tu puerto,

es como andar vivo y muerto

sin sombra en ninguna palma.

– El refrigerador (Juan Ortiz)

I

Gracias debo darte a ti,

querido refrigerador,

por cuidar mis alimentos

con tan enorme amor.

II

Al agua la enfrías bien,

y a la carne la congelas,

y las frutas se mantienen

siempre tersas y muy buenas.

III

Si yo quiero un rico helado,

voy entonces a tu puerta,

donde hay tal variedad

que la sonrisa se despierta.

– La cocina (ejemplo sin signos de puntuación, Juan Ortiz)

I

Es la parte de la casa

donde se unen los sabores

allí brotan del amor

los más ricos olores

II

En ella se preparan pastas

también sabrosos guisos

ensaladas postres platos

para gustos bien precisos

III

La familia se reúne

en ella para compartir

y bien juntos disfrutar

de lo hermoso de vivir

– Debo estudiar (Juan Ortiz)

I

Debo estudiar para alcanzar

las metas en mi vida,

para que nadie decida

adónde puedo llegar.

Y estudio para cambiar

lo malo por lo bueno,

para ser del rayo el trueno,

retumbar en los lugares,

para reformar hogares

y al delito poner freno.

II

Estudiar es el llamado

para un cambio verdadero,

quien estudia es justiciero,

es un ser muy dedicado.

Estudiar te vuelve alado,

abre el cielo y sus caminos,

al oído brinda trinos

de sabiduría pura,

a la voz le da dulzura,

cubre de ropajes finos.

III

Debo estudiar por mi familia,

por mi pueblo, por mi gente,

por un mundo diferente,

pues educarse concilia.

Quien se forma, pues, auxilia,

da luz y da esperanza,

la iluminación alcanza

y sirve de guía a quien sea,

oportunidades crea,

y los valores afianza.

– La contaminación (Juan Ortiz)

I

El planeta sufre y sufre

por la contaminación,

cáncer de toda nación,

valle de sombras y azufre.

II

Es deber del ciudadano,

de cada hombre, cada niño,

cuidar, mimar, dar cariño

a su ambiente más cercano.

III

No ensuciemos más los mares,

ni los bosques, ni los ríos,

ni los lagos con navíos,

son sagrados, son altares.

– La escuela (Juan Ortiz)

I

La escuela es el lugar

donde vamos a aprender

para hacer crecer el ser,

divertirnos y jugar.

II

Amistad da por montones,

y muy buenas enseñanzas,

si le conoces avanzas

entre sumas y fracciones.

III

Sus espacios alimentan

el alma, también la mente,

son del saber la fuente,

y el ánimo acrecientan.

– El deporte (Juan Ortiz)

I

Para mantenerse en forma

nada como el buen deporte,

para el músculo es consorte

y a la salud es norma.

II

Sea ciclismo o natación,

tenis, fútbol o esgrima,

deporte es materia prima

para un sano corazón.

III

Yo lo aplico a diario,

aunque sea una hora,

pues la alegría aflora

el resto del horario.

– Décimas al viento (Juan Ortiz)

I

No se sabe adónde va,

tampoco de donde viene

qué forma su cuerpo tiene,

o si sueña, tal vez, quizá.

El viento su fresco da,

es eso lo que sí sé,

al molino da fuerza y fe

al hombre cuando le siente,

y su presencia silente

acompaña a tomar café.

II

Por él el barco surca el mar

con su estela cristalina,

el viento es transparencia fina

que ayuda al hombre en su andar.

Y si hablamos de volar,

al alcatraz el da su fuerza

para que un suave viaje ejerza

allá al ras del horizonte,

también da al fiel sinsonte

valor para que no se tuerza.

III

Y aunque no podamos ver

su imagen ni su forma,

con su fuerza va y deforma

hasta un roble, con poder.

Y aún en el anochecer

no cesa su gran labor,

es infinito orador,

voz del cielo acá en la tierra

—desde el llano a la sierra—,

del gran Dios, el noble Autor.

– A la lluvia (Juan Ortiz)

I

Vienes en tu nube gris

a dar vida a la tierra,

vienes a dar luz, matiz,

al paisaje dormido.

II

Te recibe el campo,

la casa, el hombre, el niño,

la mujer, el perro, el santo,

y el camino brotado de ayer.

III

Vienes para llevarte los escombros,

con tu alma de transparencias,

vienes cargada de asombros

a este mundo colmado de recuerdos.

– El mar lejano

La fuente aleja su cantata.

Despiertan todos los caminos…

Mar de la aurora, mar de plata,

¡qué limpio estás entre los pinos!

Viento del Sur, ¿vienes sonoro

de soles? Ciegan los caminos…

 

Mar de la siesta, mar de oro,

¡qué alegre estás sobre los pinos!

Dice el verdón no sé qué cosa…

Mi alma se va por los caminos…

 

Mar de la tarde, mar de rosa,

¡qué dulce estás entre los pinos!

Autor: Juan Ramón Jiménez

– Melancolía

Oh, muerte, yo te amo, pero te adoro, vida…

Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,

Haz que por vez postrera

Penetre en mis pupilas el sol de primavera.

 

Déjame algún momento bajo el calor del cielo,

Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo…

Era tan bueno el astro que en la aurora salía

A decirme: buen día.

 

No me asusta el descanso, hace bien el reposo,

Pero antes que me bese el viajero piadoso

Que todas las mañanas,

Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.

Autor: Alfonsina Storni

– Esto

Dicen que finjo o miento.

Todo lo escribo. No.

Yo simplemente siento

Con la imaginación.

 

No uso el corazón.

Todo lo que sueño o vivo,

Lo que me falla o acaba,

Es como una terraza

Aún sobre otra cosa.

Esa cosa es la que es bella.

 

Por eso escribo en medio.

de lo que no está al pie,

Libre de mi ensueño,

Serio de lo que no es.

¿Sentir? ¡Que sienta quién lee!

Autor: Fernando Pessoa

– Avestruz

Melancolía, saca tu dulce pico ya;

no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.

Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales

la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

 

No acabes el maná de mujer que ha bajado;

yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,

mañana que no tenga yo a quién volver los ojos,

cuando abra su gran O de burla el ataúd.

 

Mi corazón es tiesto regado de amargura;

hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él…

Melancolía, deja de secarme la vida,

y desnuda tu labio de mujer…!

Autor: César Vallejo

– Si una espina me hiere…

¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina,

…pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad

envidiosa en mí clava los dardos de su inquina,

esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro

ambiente de amor y caridad.

 

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores?

Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.

Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,

y no prodiga savias en pinchos punzadores:

si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,

se llevará las rosas de más sutil esencia.

 

Y si notare en ellas algún rojo vivaz,

¡será el de aquella sangre que su malevolencia

de ayer vertió, al herirme con encono y violencia,

y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz!

Autor: Amado Nervo

– Madrigal al billete de tranvía

Adonde el viento, impávido, subleva

torres de luz contra la sangre mía,

tú, billete, flor nueva,

cortada en los balcones del tranvía.

 

Huyes, directa, rectamente liso,

en tu pétalo un nombre y un encuentro

latentes, a ese centro

cerrado y por cortar del compromiso.

 

Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva

el finado clavel, si la violeta

contemporánea, viva,

del libro que viaja en la chaqueta.

Autor: Rafael Alberti

– Si mis manos pudieran deshojar

Yo pronuncio tu nombre

en las noches oscuras,

cuando vienen los astros

a beber en la luna

y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

 

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,

en esta noche oscura,

y tu nombre me suena

más lejano que nunca.

 

Más lejano que todas las estrellas

y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces

alguna vez? ¿Qué culpa

tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma,

¿qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡Si mis dedos pudieran

deshojar a la luna!

Autor: Federico García Lorca

– Apegado a mí

Velloncito de mi carne

que en mis entrañas tejí,

velloncito tembloroso,

¡duérmete apegado a mí!

 

La perdiz duerme en el trigo

escuchándola latir.

No te turbes por aliento,

¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido

ahora tiemblo hasta al dormir.

 

No resbales de mi pecho,

¡duérmete apegado a mí!

Autor: Gabriela Mistral

– Preludio

Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero

poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.

 

Acordaré las notas del òrgano severo

al suspirar fragante del pífano de abril.

Madurarán su aroma las pomas otoñales;

la mirra y el incienso salmodiarán su olor;

exhalarán su fresco perfume los rosales,

bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.

 

Al grave acorde lento de música y aroma,

la sola y vieja y noble razòn de mi rezar

levantará su vuelo süave de paloma,

y la palabra blanca se elevará al altar.

Autor: Antonio Machado

– Amor de tarde

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cuatro

y acabo la planilla y pienso diez minutos

y estiro las piernas como todas las tardes

y hago así con los hombros para aflojar la espalda

y me doblo los dedos y les saco mentiras.

 

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las cinco

y soy una manija que calcula intereses

o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas

o un oído que escucha como ladra el teléfono

o un tipo que hace números y les saca verdades.

 

Es una lástima que no estés conmigo

cuando miro el reloj y son las seis.

Podrías acercarte de sorpresa

y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos

yo con la mancha roja de tus labios

tú con el tizne azul de mi carbónico.

Autor: Mario Benedetti

Referencias

  1. Poema y sus elementos: estrofa, verso, rima. Recuperado de portaleducativo.net
  2. Poema. Recuperado de es.wikipedia.org
  3. Poemas de Juan Ramón Jiménez, César Vallejo y Gabriela Mistral. Recuperado de amediavoz.com
  4. Poemas de Alfonsina Storni y Rafael Alberti. Recuperado de poesi.as
  5. Poemas de Fernando Pessoa. Recuperado de poeticas.

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