Historias cortas para niños de preescolar: Fabulosos cuentos cortos para niños de preescolar

Historias cortas para niños de preescolar: Fabulosos cuentos cortos para niños de preescolar

Fabulosos cuentos cortos para niños de preescolar

Los cuentos son un gran recurso educativo que acompaña a nuestros hijos durante toda la infancia. ¡Nunca es demasiado pronto para regalarle un libro a un pequeño! A través de los cuentos infantiles, los niños de infantil (menores a los 6 años) aprenden, imaginan, descubren, experimentan, disfrutan y, en definitiva, viven. Por eso, en Guiainfantil.com hemos recopilado algunos bellos cuentos cortos para niños de preescolar que puedes leer con tus hijos más pequeños en cualquier momento del día.

En la siguiente lista de cuentos infantiles vas a encontrar historias de todo tipo: protagonizadas por animales, cuentos de hadas, relatos divertidos, cuentos con valores… ¡Que disfrutéis estos cuentos cortos con los niños de preescolar o infantil!

Para conocer un poco mejor a los niños de preescolar (y nos vamos a centrar en los niños de 3 a 5 años), vamos a dejarnos guiar por el informe ‘Niños en edad preescolar’ de los Centros de Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

— Los niños de preescolar son mucho más independientes que en las etapas anteriores. Físicamente son mucho más autónomos (ya andan perfectamente, corren, saltan, juegan…). Esto les permite sentirse más seguros para realizar algunos juegos y actividades para las que hasta ahora necesitaban ayuda. Podrán, por ejemplo, coger ellos mismos los cuentos que tengan accesibles en su habitación y entretenerse ellos solos durante un tiempo.

— Ahora más que nunca, los niños quieren explorar y conocer el mundo que les rodea. En este sentido, los libros tienen un papel muy importante, ya que les descubren otras realidades, seres y lugares.

— Los niños están moldeando su personalidad a partir de las experiencias que tienen, pero también a partir de lo que aprenden y lo que ven. Por ello, los cuentos pueden servirles de guía para que vayan estableciendo una serie de valores y, sobre todo, para que vayan comprendiendo sus emociones.

— A partir de los 3 años, los niños ya saben los nombres de los colores (y es un aprendizaje que también podemos hacer a través de los cuentos). También recuerdan con detalle las historias que ya conocen y, por ejemplo, si ya habéis leído un libro algunas veces, será capaz de reproducir algunos extractos breves.

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Aunque los padres estamos deseando que nuestros hijos e hijas aprendan a leer cuanto antes, son muchos los expertos que recomiendan no forzar y esperar a los 6 años para enseñar a leer y escribir (si bien ya podemos ir enseñando algunos conceptos).

Por ello, durante la edad preescolar (antes de que los niños empiecen la educación primaria a los 6 años), debemos ir estableciendo las bases que ayudarán a los niños a adquirir los posteriores aprendizajes formales. La lectura de cuentos tiene muchos beneficios para los niños, incluso aunque ellos aún no sepan leer.

— Los cuentos cortos, como los cuentos de hadas, fomentan la imaginación de los niños de preescolar. También fomentan la curiosidad innata de los más pequeños por descubrir nuevas historias y nuevos lugares del mundo.

— Leer cuentos junto a nuestros hijos nos permite compartir tiempo de calidad que refuerza nuestro vínculo. Además, estaremos construyendo bonitos recuerdos que no olvidaremos. Si, además, reservamos el momento del cuento para antes de dormir, ayudaremos a los niños a relajarse y tener una buena rutina de sueño.

— Si escogemos cuentos con pictogramas, podremos hacer una lectura compartida. Los niños aprenderán a seguir la lectura (aunque aún no entiendan las palabras escritas) y podrán participar leyendo las imágenes o pictogramas del cuento. Estarán practicando su concentración, su paciencia y a esperar su turno.

— Los cuentos enseñan nuevas palabras a los niños para aumentar su vocabulario. También se pueden usar como recurso para enseñar una segunda lengua como el inglés.

— Si leemos todos los días un rato con nuestros hijos, estaremos fomentan el hábito de lectura y su amor por la literatura.

— Para que los niños disfruten de la lectura, ayuda el hecho de ofrecerles libros de forma habitual. Los niños necesitan normalizar el hecho de que los libros pueden formar parte del ocio. Y, para ello, debemos darles ejemplo: nos deben ver que nosotros también disfrutamos leyendo. Pero, además, podemos hacer otro tipo de actividades como, por ejemplo, ir de forma frecuente a bibliotecas o librerías públicas.

¡Feliz lectura!

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Cuentos cortos para que los niños se vayan a dormir felices – Sapos y Princesas

Llega el momento de irse a la cama, después de un largo día de colegio, y todos los niños están esperando que les contemos una historia. Disponer de cuentos cortos para dormir es un buen recurso cuando vemos que se está haciendo tarde. Porque la falta de tiempo no es excusa para saltarse este ritual nocturno. Ni para no narrarlos bien y ponerles emoción.

Contar un cuento a nuestros hijos es una bonita costumbre que, además de potenciar su imaginación, fortalecerá nuestra relación con ellos. Por eso no debemos perderla. Conviene disponer de un buen ‘arsenal’ de historias. Las hay más largas, para cuando no tenemos tanta prisa, y con ellas conciliarán el sueño con mayor facilidad.

Pero si tienes poco tiempo o tus hijos se duermen tan rápido que siempre se quedan sin saber el final, los relatos cortos son la mejor opción.

Estas narraciones les transmiten valores, les ayudan con sus miedos o les hacen viajar por maravillosos mundos de fantasía. Todas ellas les harán relajarse para sumergirse en el país de los dulces sueños.

A continuación, te ofrecemos una selección de cuentos cortos para dormir con los que disfrutaréis de este momento tan especial.


1.Escape Room para niños: una aventura mágica por el mundo de los cuentos

¿A tu hijo le gustan los juegos de aventura? Invita a sus amigos a una divertida partida de Escape Room en casa con Escape Kit. El funcionamiento es sencillo: descarga el kit de Escape Room, imprime las divertidas tarjetas de enigmas y monta el juego en casa.

Se trata de una idea innovadora y a un precio bajo para una hora de juego (menos de 20 euros por kit de aventura). Aunque habitualmente se ofrecía a los adultos, en los últimos años, este juego se ha hecho popular y se ha convertido en una actividad apta para los niños. Con la ayuda de originales tarjetas impresas, los «pequeños detectives» tendrán que buscar pistas, encontrar objetos ocultos, salir de estrechos laberintos y colorear dibujos para resolver los enigmas del juego.

Hay varios temas para elegir según los gustos del niño: la magia del mago Harry Potter, el mundo mágico de las princesas, el poder de los superhéroes, la isla del tesoro de los piratas o el mundo encantado del Principito. ¿A su hijo le gustan los cuentos de hadas y la magia? Sus sueños se harán realidad con los Escape Rooms de Escape Kit.


2. El monstruo escondido en el armario

Había una vez un niño llamado Andrés que era bastante normal y alegre. Un día, sus padres se tuvieron que mudar de la ciudad donde vivían y Andrés tuvo que dejar atrás a todos sus amigos. Así fue como llegó a un colegio nuevo, donde no conocía a ningún niño.

La casa era más bonita que la anterior y la habitación mucho más amplia, con un enorme armario que ocupaba toda la pared. Al niño le gustaba su nueva vida, excepto por un detalle: algo vivía en el interior de aquel armario.

Andrés se pasaba las noches en vela imaginando la forma del monstruo que vivía en su habitación. Nunca lo había visto, pero se imaginaba que era enorme y atemorizante. Hasta que un día se llenó de valor e intentó tomarlo por sorpresa. Allí estaba, una enorme bola peluda que no parecía peligrosa.

A pesar de que Andrés ya no temía al monstruo de su armario, sí le mortificaba bastante que cada noche lo despertara con gritos para jugar. Después se quedaba dormido en el colegio y la profesora lo regañaba.

Una noche en que su madre entró en su habitación, lo encontró sentado frente al armario con todos sus juguetes en el suelo. La madre, sorprendida, se quedó mirando fijamente el armario. Andrés, temeroso, esperó su reacción.

De repente, su madre dijo: «¿No me vas a presentar a tu nuevo amigo?». Y, a pesar de que no veía nada dentro del armario, comenzó a hablar con el interior. Andrés le preguntó: «¿No te molesta que viva en mi armario, mamá?». A lo que ella contestó: «No, mi vida. Seguro que quiere estar cerca de ti y hacerte compañía».

Con el paso del tiempo, Andrés hizo nuevos amigos en el colegio. Un buen día, el monstruo decidió marcharse. Andrés ya no lo necesitaba a su lado, prefería compartirlo con otros niños, pero siempre tendría un lugar especial en su corazón.

Puedes leerlo aquí.

Los monstruos no siempre tienen por qué dar miedo | Fuente: Pixabay


3. Un sueño cumplido

Una niña, mientras dormía, lloraba sin cesar y decía con mucho sentimiento:

—Estoy en medio de las estrellas y quiero quedarme aquí.

—Está soñando —dijo la hermana mayor.

—No la despierten, ya se le pasará —dijo la mamá.

Cuando la niña despertó, les contó que en sueños hizo un viaje a las estrellas. Era un mundo de colores y de hermosas estrellas de todos los tamaños, tan brillantes como el sol y que parecían piedras preciosas. Y allí los niños tenían alas y volaban, las veredas eran de cristal y era tan bonito estar allí.

—Entonces, ¿por qué llorabas, hijita? —dijo la madre.

—Felizmente, solo fue un sueño y ya pasó —dijo la hermana mayor.

Pero, antes de cambiarse para dormir, la niña sintió algo en el bolsillo del pijama que le molestaba mucho. Parecía una pequeña piedra. Cuando metió la mano en el bolsillo y la retiró, la niña descubrió que era una estrella roja muy brillante que, en sus manos, iluminaba toda la habitación con rayos de colores. Ella se quedó sin poder hablar por la emoción.

Cuando se recuperó de la sorpresa, salió corriendo y le dijo a su mamá:

—Mamita, mira lo que tengo. Mi sueño era realidad.

A veces, es tan grande el deseo de lograr algo en la vida que, cuando al fin logramos nuestro sueño, nos parece imposible haberlo hecho realidad.

Puedes leerlo aquí.

La lectura antes de dormir es una estupenda rutina que invita al sueño | Fuente: Pixabay


4. El conejo en la luna

Un día, hace cientos de años, el dios Quetzalcóatl decidió viajar por todo el mundo. Para no ser reconocido, adoptó forma humana y echó a andar.

Subió altas montañas y atravesó espesos bosques sin descanso. Caminó tanto que decidió que era hora de pararse a descansar para recobrar las fuerzas. Era una preciosa noche de verano. Las estrellas titilaban y cubrían el cielo como si fuera un enorme manto de diamantes. Junto a ellas, una anaranjada luna parecía que lo vigilaba todo desde lo alto. El dios pensó que era la imagen más bella que había visto en su vida.

Al cabo de un rato, se dio cuenta de que, junto a él, había un conejo que le miraba sin dejar de masticar algo que llevaba entre los dientes.

—¿Qué comes, lindo conejito?

—Solo un poco de hierba fresca. Si quieres, puedo compartirla contigo.

—Te lo agradezco mucho, pero los humanos no comemos hierba.

—Entonces, ¿qué comerás? Se te ve cansado y seguro que tienes hambre.

—Tienes razón. Imagino que, si no encuentro nada que llevarme a la boca, moriré de hambre.

El conejo se sintió fatal. ¡No podía consentir que eso sucediera! Se quedó pensativo y, en un acto de generosidad, se ofreció al dios.

—Tan solo soy un pequeño conejo, pero, si quieres, puedo servirte de alimento. Cómeme a mí y así podrás sobrevivir.

—Me emocionan tus palabras —dijo el dios, acariciándole la cabeza con suavidad—. A partir de hoy, siempre serás recordado. Te lo mereces por ser tan bueno.

Tomándole en brazos, lo levantó tan alto que su figura quedó estampada en la superficie de la luna. Después, con mucho cuidado, lo bajó hasta el suelo y el conejo pudo contemplar con asombro su propia imagen brillante.

Su promesa se cumplió. Todavía hoy, si la noche está despejada y miras la luna llena con atención, descubrirás la silueta del bondadoso conejo que hace muchos, muchos años, quiso ayudar al dios Quetzalcóatl.

Puedes leerlo aquí.

El conejo simboliza la generosidad en esta fábula | Fuente: Pixabay


5. El anciano y las hadas

Hace mucho tiempo, existió en Gales una colina donde las hadas bailaban a la luz de la luna. Los habitantes de aquel lugar acudían a verlas con frecuencia.

Un día, un anciano agricultor que vivía de trabajar muy duro, decidió ir a verlas, a pesar de que tenía que atravesar una montaña que separaba su casa de la colina donde ellas bailaban. Tomó su mochila y se puso a caminar. Pero, a mitad de camino, llegó a un valle y estaba tan cansado que se echó a dormir.

Entonces, llegaron las hadas, danzando sobre el césped repleto de rocío y dejando a cada paso pequeños destellos de polvo dorado. Entre todas se llevaron al anciano con su mochila bajo tierra, al lugar donde ellas vivían.

El anciano despertó y no podía creer lo que veía. Un precioso palacio de oro repleto de joyas y piedras preciosas. Y hadas muy hermosas que bailaban para él sin cesar. Recorrió todo el país de las hadas, pero, al final, el cansancio pudo con él y se volvió a quedar dormido.

Las hadas lo llevaron de nuevo al valle donde lo encontraron. Y el anciano, al despertar, recogió su mochila para volver a casa.

—¡Qué sueño tan maravilloso he tenido! ¡El país de las hadas es realmente hermoso!

Pero, entonces, se dio cuenta de que su mochila pesaba mucho. Al abrirla, descubrió que estaba llena de monedas de oro y piedras preciosas. ¡No había sido un sueño!

Cuando llegó a su casa, escondió bajo la cama la mochila con el oro. Su mujer le preguntó dónde había estado, pero él temió contarle la verdad. Durante varios días mantuvo el secreto, pero su mujer era muy curiosa y no dejaba de preguntar.

Cuando ya no pudo sostener por más tiempo el secreto, se lo contó todo. Pero, justo cuando fue a enseñarle la mochila repleta de oro, al abrirla solo encontraron montones y montones de conchas vacías.

Puedes leerlo aquí.

Una bonita historia para viajar al mundo de las hadas | Fuente: Pixabay


6. El niño de la luna

En las estrellas, mucho más arriba del cielo, se encuentra el niño de la luna que, con grandes saltos, va de un lugar a otro para ver si los niños duermen felices.

El niño de la luna ayuda a los padres poniendo polvitos lunares en sus manos para que, con suaves caricias en la frente de sus hijos, puedan viajar al mundo de los sueños con calma. En él pueden ser lo quieran. Ser reyes, reinas, guerreros, cocineros, bomberos, policías, maestros, héroes y heroínas. Miles de historias que contar y con las que el niño de la luna alimenta su felicidad.

El niño canta con pequeños soplidos en los oídos de todos para que, poco a poco, se vaya iniciando el viaje al fantástico mundo de los sueños. Visita los cuartos de todos para saber si dormimos bien. Y es capaz de contar hasta mil hasta que todos los niños vayan cerrando los ojos.

El niño de la luna se detiene un momento para contemplar el cielo nocturno. Con su baile, llega hasta las montañas más altas y las aguas más cristalinas. Va danzando por todas partes y vigilando hasta que todos los animales de la Tierra puedan tener una noche libre de ruido y dormir bien.

Cuando está muy cansado, uno de sus mejores amigos lo acompaña para seguir bailando. Es un águila blanca pura de corazón que emprende el vuelo hasta conseguir dormir al último de los niños. Tras conseguirlo, revisan que todas las lamparitas de cada mesilla se apaguen. Y así hasta que la noche se vuelve oscura y lista para dormir.

Si alguna vez, al dormir, sientes que se te pone la carne de gallina o que sientes un ligero frío o calorcillo por la espalda o por tus hombros, ¡es el niño de la luna que ha venido a ver si ya estás durmiendo!

Puedes leerlo aquí.

El niño de la luna vigila los sueños de los demás niños | Fuente: Pixabay


7. La princesa de la lluvia

Un día muy, muy lluvioso, una princesa y otros niños jugaban en casa. La lluvia no paraba y parecía que no tuviese fin.

El rey mandó a su hija y a su amigo el conejo a averiguar qué es lo que estaba pasando. Llegaron a una montaña donde había un pequeño ser de color verde, parecido a un troll. Este le prometió a la princesa deshacerse de la lluvia si le daba un beso de amor.

La princesa se negó y la lluvia continuó por años y años. Tanto así que pasaron 30 años.

Un día, cansada del eterno mal tiempo, la princesa aceptó ir a ver al troll a la montaña. Pero, para su sorpresa, ya no estaba. El troll había muerto y, con él, cualquier solución para mejorar el tiempo.

La princesa lloró y lloró. Hasta que un Dios la escuchó y le concedió un deseo. Traer de regreso al troll para que la ayudase.

¿Por qué no pidió que cesara la lluvia? Porque la princesa tenía buen corazón. Al ver esta acción, el troll le prometió parar la lluvia por completo. Al final, dejó de llover, todos vivieron felices y el troll se hizo amigo de la princesa para siempre.

Puedes leerlo aquí.

Una lluvia incesante, una princesa y un troll de la montaña | Fuente: Pixabay


8. Cómo aprendieron a viajar las palabras

Hace mucho tiempo no existían las palabras, ni las letras, ni la lectura. Hasta que, por arte de magia, surgió la primera letra en la cabeza de un niño. Luego otra y otra, hasta llegar a 27. Las 27 hermanas estuvieron mucho tiempo encerradas, sin poder salir a conocer el mundo y todas las maravillas que este entrañaba.

Un día, las letras lograron convencer a la señora Boca para que las dejara salir. La señora Boca sopló con fuerza hasta que escaparon cuatro letras y se escuchó en el viento la primera palabra: «mamá». Luego, aparecieron muchas más en la cabeza de aquel niño inquieto: «papá», «nene». Una a una, las letras se escurrían por la señora Boca, que se había convertido en su amiga.

Así fue como aprendieron a viajar las palabras, que saltaban felices de las bocas a las orejas de los demás niños. Muy pronto se dieron cuenta de que, por mucho que lo intentaban, no lograban llegar tan lejos como querían. Con un grito fuerte y el viento a favor, lograban avanzar algunos metros. Pero no era suficiente si querían viajar por todo el mundo.

Hasta que conocieron al señor Lápiz, un señor alto y muy delgado que podía pintar en cualquier sitio. Las ayudaba a llegar a otros lugares donde la señora Boca no podía. Pero nunca encontraba buenos sitios para pintarlas. Escribía sobre las rocas y los árboles que nadie podía mover, por lo que las palabras quedaban atrapadas para siempre. O sobre la tierra, que después de llover, las hacía desaparecer.

Las palabras estaban a punto de rendirse y aceptar que no podrían viajar más lejos. Entonces conocieron al señor Papel. Era muy blanco y ligero, se movía con facilidad por cualquier lugar y estaba dispuesto a ayudarlas.

Por fin habían encontrado una buena forma para viajar. El señor Lápiz escribía sobre el señor Papel las palabras que le dictaba la señora Boca. Y así fue cómo viajaron al otro lado del mundo en grandes travesías, sin perderse. Y pudieron leerlas muchos niños más que ni siquiera las conocían.

Puedes leerlo aquí.

La historia de cómo aprendieron a viajar las palabras | Fuente: Pixabay


9. El árbol mágico

Hace mucho, mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: ‘Soy un árbol encantado. Si dices las palabras mágicas, lo verás’.

El niño trató de acertar el hechizo. Probó con ‘abracadabra’, ‘ábrete sésamo’, ‘tan-ta-ta-chán’ y muchas otras. Pero nada. Rendido, si tiró suplicante, diciendo:

—¡Por favor, arbolito!

Entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: ‘Sigue haciendo magia’.

Entonces, el niño dijo:

—¡Gracias, arbolito!

Dentro del árbol se encendió una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo.

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